miércoles, 6 de mayo de 2009

breve relato de mi mente


Lunes 27 abril 1:19 hs


Voy a mover mi mano porque algo en mí me lo pide, me lo vuelve a pedir. El reflejo de la luz es necesario para la ocasión y, hasta aquí nada… Una caja fuerte, un espacio rígido, cerrado e impenetrable. ¿Qué sentido tiene este segundo, el minuto? Estoy esperando el impacto, algo tiene que explotar, lastimar… y sin embargo: nada.

Escucho el fuerte ladrido de un perro. Un sonido habitual, solo eso y, lo admiro porque ladra. Retumban en mis oídos otros sonidos, continuo. No es mi voz la que me dicta, por lo menos no suena igual. Los ruidos siguen, son tan normales.

¿Es el destino incierto, el azar? ¿Cuánto de incierto tiene el destino? Un golpe, una ruptura. No suceden. Es todo tan seguro. La vida se torna redundante, extremadamente pálida, tensa. No es suficiente, hay un vidrio que debe estallar: un impacto, una explosión que me asuste y lastime, que me haga temblar. Un golpe profundo, hiriente. Sólo es cuestión de tiempo, si sigo esperándolo jamás sucederá. El impacto, la destrucción.


Leonardo Meyre

Carta de Presentación

Mis polvorones es un espacio nuevo que vendría a ser la continuación de un blog anterior llamado “Un millón de polvorones”. El anterior blog lo había creado con un amigo hace un tiempo atrás; con el objetivo de expresar con claridad todas las cosas raras que se nos ocurrieran. Debido a un error nuestro, “un millón de polvorones” fue eliminado de la red y, no encontramos la manera de darlo de alta nuevamente. Sin duda, hemos perdido todo aquello que habíamos escrito en el blog. Si bien, no había genialidades, me gustaría poder recuperar algunas de las cosas que quedaron marcadas en el pasado.

Dicen que la vida es un juego que nos toca jugar. De niños, jugamos a ser niños y en el caso de los hombres eventualmente, soñamos ser como algún jugador de fútbol, personaje de los dibujitos animados o, en el caso de la primera niñez, soñamos ser como papá. Ya con 22 años he jugado muchos juegos y creo que me quedan fichas para jugar muchísimos más. Por eso, en esta oportunidad estoy jugando a ser escritor. No importa si mis historias o relatos son fascinantes, de hecho, hay cosas horribles que he escrito. Lo que realmente importa en este juego es, encontrar la forma de expresar lo que siento y pienso a través de la escritura. Hay días en que el techo no dice nada, o el velador permanece prendido, estático y, no existe la posibilidad de que algo cambie. Otros tantos días; el subte al igual que el tren, pueden inspirarme a volar más allá del ruido habitual que hay en ellos. En la vida, existen miles de momentos adecuados para poder llevar nuestros pensamientos al borde de un abismo qué, nos permita imaginar algo más allá de lo normal o cotidiano, algo qué queramos apuntar sobre la vida misma: un hecho, un instante, un aroma, un sonido o, sencillamente una palabra.

Todo lo que he escrito hasta aquí puede ser una estupidez o, algo común que todos saben. Sí las personas puedan valerse de herramientas para apoyar o criticar cada una de las cosas que encuentran en su camino, serán para mí, únicos y maravillosos. Y sí este humilde espacio que adhiere a la libertad de expresión lo logra, estaré orgulloso de la raza humana que, todavía lucha por imponer su juicio propio a través del libre debate democrático.


Leonardo Meyre